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Mostrando entradas de febrero, 2015

Al final.

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Dicen que a veces no es tan malo que las canciones te recuerden a ciertas personas, ahora está girando el disco y me acuerdo de ti. Recuerdo cuando me cantabas esta canción y pasábamos las noches escuchándonos, incluso estando en silencio. A veces nos mirábamos y sólo decíamos "al final..."  porque sabías que si me escapaba mil veces, volvía a tu lado mil más. Inesperadamente los finales cambian y las historias se vuelven extrañas. Tú confiabas en que siempre volvería a ti,  que prefería tocar el cielo que arder en el infierno, y recuerdo haber hecho las dos cosas, pero hace días que me escapé y resulta que no te echo de menos. Si lo pienso mucho rato escuece, pero se pasa rápido porque en el infierno no se está tan mal. Antes tenía el corazón deshilachado de tanto escuchar nuestra canción y pensarte a la vez, ahora lo coso. Todo cambia, al final.

En la cuerda floja.

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A mí me enamoras con una sonrisa, a ella no sé. ¿Cuántas penas has ahogado en el alcohol? Llevas horas frente a esa copa y ya no queda nadie en el bar. Vuelve, quiero perderme en la profundidad de tus ojos mientras bailamos bajo la farola cansada de alumbrar y te hago olvidar que la quieres borrando con besos la tristeza de tus labios. Sé que estás cansado, una vez me hiciste sentir así, pero sabes que soy débil y que con una sonrisa te he perdonado mil lágrimas. Juegas con mi debilidad que eres tú y consigues enamorarme, incluso cuando vuelves porque ella se marcha. Sé que eres tóxico para mí, contigo soy una marioneta  que se deja llevar pero me es tan difícil no mirarte y sentir que me pierdo. Intento resistir la tentación, porque eso es lo que eres, y siempre pierdo. Ahora vienes y me besas, estás cansado de tener tu corazón en la cuerda floja. ¿Y el mío? Cada vez que te acercas lo pones en peligro, siempre juegas con él y luego dejas que caiga. Pero est...

Síndrome del corazón roto.

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He visto tantas veces mi corazón  destrozado  que estoy acostumbrada y ya no duele, o eso creo,  cuando la pompa que lo eleva  desaparece  y mi corazón cae  rompiéndose en pequeños pedazos. No tengo miedo cuando la felicidad encierra a mi corazón  y me creo valiente cuando en realidad no temo porque no siento. Y me aíslo mucho tiempo para pegar los trozos y dejarlo ir otra vez ,  lleno de esperanza.  Siempre he creído que es mejor pegar los trozos que tirarlos  aunque todos digan lo contrario  y nunca le he negado una oportunidad a mi corazón. Hace tiempo que me encuentro perdida,  con el corazón en el suelo. Destrozado.  Me he cansado, ahora sí, de darle oportunidades,  y de vivir esperando el momento fatal en el que se rompe  para poder arreglarlo porque nadie quiere sanarlo.  Estoy cansada de sentir la soga en el cuello  cada vez que la felicidad, ya imaginada, juegue con él ...