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Mostrando entradas de enero, 2015

Entre la Música y el Arte.

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Entendí hace tiempo que entre las personas que hacen daño y las personas que duelen hay una pequeña diferencia. Y aunque entre tú y yo está la distancia, tú me dueles sin llegar a hacer daño porque tu voz es lo que hay entre el corazón herido y el corazón cicatrizado. Desde el principio me enseñaste que entre querer y querer bien, hay un abismo y que entre soñar la realidad  y realizar un sueño, hay otro. Y me escribiste en el corazón que entre un Stand by me y un I'll stand by you sólo hay una canción y que no hay tantas diferencias  entre amor y música. Porque sé que el amor y la música se unen en un punto entre sus ojos y su guitarra, que acompaña todo lo que hay entre tu pelo de fuego y el rojo de tus b otas. Tú demuestras que entre tu corazón y tu voz está la fuerza y que la humildad acorta la distancia entre la realidad y un estadio. Y yo, yo te busco siempre en cada nota de la guitarra, en cada desgarro de voz, porque sé que entre la...

Secretos embotellados.

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Sé que el mar es tu refugio, que lloras dejando que las olas arrastren tus lágrimas y el viento confunda tus sollozos con sus silbidos. Sé que te sientes esperanza cuando estás frente al mar y que pasas las horas contando las olas, esperando ver un mensaje embotellado. Y sé que cuentas secretos con tu guitarra cuando rompen las olas, que escribes poemas para las sirenas y cantas soñando ser el capitán de tu vida. Yo, mientras, te echo de menos.  Echo de menos cuando eras más que capitán y me llevabas a ver el mar.  Echo de menos ser tu refugio,  la caja fuerte de tus lágrimas y tu inspiración. Echo de menos ser tu música y tu esperanza, y echo de menos escuchar tus canciones con el sonido de la guitarra y despertarte con un beso. Espero que un día de estos el mar te susurre que te quiero y el viento te silbe nuestra canción. Espero que te acuerdes de que un día fui sirena para ti  y que aún guardo tus poemas. ...

Este gris no es el final, volverás.

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Cuando empiezo a quererte, te marchas. Ven, dejo que juegues con mi corazón y abras la puerta aunque sea un invierno frío. Vienes. Cómo voy a negarme ante esa sonrisa que me pierde, te adueñas de mi corazón,  ya convertido en marioneta, y bailamos en la calle. Sabes que me encanta cuando me invitas a bailar. Sonríes. Me dices que no te volverás a ir y, aunque sé que mientes, quiero creerte. Y sé que escondes la mano para cruzar los dedos pero ya estoy acostumbrada. Escribes. Mi secreto son las noches que paso contigo. Tus ojos oscuros como la tinta fijos en el papel  y yo imaginando que me escribes, me quedo dormida. Desapareces.  Despierto y no estás, otra vez, sólo me queda tu poema sobre la mesa. Lo leo, sonrío y lo guardo. La historia de cada invierno, la que nunca acaba. Te espero. Siempre dejas tus poemas inacabados, con puntos suspensivos y la puerta entreabierta. Sé que el gris de este invierno no es el final, volverás.

El susurro de las margaritas.

Cuéntame qué te dijeron las margaritas,  dime si el último pétalo que deshojaste aquella primavera  te susurró que nos volveríamos a ver.  Porque yo sigo esperando cada primavera  con la misma ilusión con la que esperé la primera  y deshojo margaritas pero no me dicen nada. Paso el verano esperándote  pero sólo llega el otoño de hojas marrones  que me recuerdan a tus ojos,  y paso el invierno con el corazón congelado  que llora frías gotas de agua cuando viene la primavera. Yo intento mantener la ilusión  y los colores cuando ella llega  pero cada vez que me faltas,  una flor se dibuja en blanco y negro. Tranquilo, yo te espero,  tengo lápices de colores que luchan  por hacer florecer las margaritas  que se marchitaron las pasadas primaveras. Y estoy segura de que al final de este invierno  estarás esperándome con flores en las manos  y todo lo que en mi mu...

El gigante de hierro.

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Esperando me desespero en la casa del gigante de hierro a que las musas que Dalí pintó derretidas marquen la hora de tu partida. Juego soñando a que me despierto teniendo en mi cuello tu aliento mientras lleno de mares las pupilas que hace días que no miras. Descubro escondiendo mi corazón herido poemas sin final de mi amor fugitivo mientras las olas de los mares que he creado me dejan en la orilla los fantasmas del pasado. Corro pisando el recuerdo tan mojado que hace años que has olvidado y llego ante el gigante que se va y desaparece para buscarte en el humo que se desvanece. Caigo siendo una marioneta muerta donde el monstruo de hierro se fue sin vuelta mientras siento que mi alma triste llora desde el mismo día en que te fuiste.

Querida distancia: gracias de antemano.

Recuerdo, querida Distancia, el día en el que te conocí,  fue como escribirte una carta...  "Querida distancia: gracias de antemano...". Te escribo una vez más para contarte  que me ha ido bien recorriendo las carreteras,  que son tu columna, y que he aprendido a convivir  con tu alma de reloj y el tic tac de sus agujas. Además, he conocido a alguien  más allá del camino de tu nombre, querida Distancia,  ella se llama Felicidad. Bonito nombre ¿verdad? Con ella he aprendido a ser niña otra vez y  a coger de la mano a la Ilusión para que no se escape. Qué te voy a contar yo, querida Distancia,  que no sepas de los desgarradores latidos del corazón  y del leve insomnio que me acompaña en la soledad de la noche  cuando ansío rozar tu columna hasta llegar a la felicidad. Y qué decir de las veces que me he encontrado con tu alma, querida Distancia,  y he escuchado ese desesperante sonido  que provoca cosquillas ...