En la cuerda floja.

A mí me enamoras con una sonrisa, a ella no sé.

¿Cuántas penas has ahogado en el alcohol?
Llevas horas frente a esa copa y ya no queda nadie en el bar.
Vuelve, quiero perderme en la profundidad de tus ojos
mientras bailamos bajo la farola cansada de alumbrar
y te hago olvidar que la quieres
borrando con besos la tristeza de tus labios.

Sé que estás cansado, una vez me hiciste sentir así,
pero sabes que soy débil y que con una sonrisa
te he perdonado mil lágrimas.
Juegas con mi debilidad que eres tú y consigues enamorarme,
incluso cuando vuelves porque ella se marcha.

Sé que eres tóxico para mí, contigo soy una marioneta que se deja llevar
pero me es tan difícil no mirarte y sentir que me pierdo.
Intento resistir la tentación,
porque eso es lo que eres, y siempre pierdo.

Ahora vienes y me besas,
estás cansado de tener tu corazón en la cuerda floja.
¿Y el mío? Cada vez que te acercas lo pones en peligro,
siempre juegas con él y luego dejas que caiga.
Pero esta vez no.
Tus ojos, más profundos que nunca, 
me dicen que no te volverás a ir.

Ella ha decidido perder el baile contigo
y te ha dejado caer en una copa de alcohol,
mientras yo, aún recuperándome del naufragio en el que me dejaste,
te he concedido el baile que ella rechazó.

A mí me enamoras, a ella no. Cuestión de gustos.


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