Síndrome del corazón roto.

He visto tantas veces mi corazón destrozado que estoy acostumbrada
y ya no duele, o eso creo, cuando la pompa que lo eleva desaparece 
y mi corazón cae rompiéndose en pequeños pedazos.

No tengo miedo cuando la felicidad encierra a mi corazón 
y me creo valiente cuando en realidad no temo porque no siento.
Y me aíslo mucho tiempo para pegar los trozos y dejarlo ir otra vez
lleno de esperanza. 
Siempre he creído que es mejor pegar los trozos que tirarlos 
aunque todos digan lo contrario 
y nunca le he negado una oportunidad a mi corazón.

Hace tiempo que me encuentro perdida, 
con el corazón en el suelo. Destrozado. 
Me he cansado, ahora sí, de darle oportunidades, 
y de vivir esperando el momento fatal en el que se rompe 
para poder arreglarlo porque nadie quiere sanarlo. 
Estoy cansada de sentir la soga en el cuello 
cada vez que la felicidad, ya imaginada, juegue con él 
y me tenga encerrada en una habitación.

Ya me duele la soledad y he decidido ser valiente. Quiero volar. 
Espérame, escribiré poemas en las paredes y haré unas alas con imaginación. 
Voy a hacer una coraza a mi corazón y saldré.
Hoy me quito la soga, ya no tengo miedo.


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