Ojalá.
Me asusta escribir sobre las personas. Me aterra la idea de que me lean, que lean todo lo que siento cuando les observo; no me gusta que me vean por dentro y descubran el azul eléctrico de mis letras. Realmente no creo que sea malo pensar a los demás más de lo que ellos saben, de hecho, creo que es algo bonito, es de esos secretos inconfesables que se guardan bajo llave en un cajón del corazón. Pero soy insegura. Me tiembla el pulso cada vez que dejo leerme y se me desmorona la vida a cada palabra que escribo pensando en corazones inocentes. En ocasiones siento que esto que describo es un tanto egoísta. Las personas especiales merecen saber que lo son, deben conocer que cambian vidas y que hacen sonreír, que son inspiración. Sin embargo, no me siento capaz de coger con firmeza un bolígrafo y derramar mis sentimientos sobre el papel como si estuvieran expuestos en un museo, no puedo soportar la idea de que las palabras que rebusco en las profundidades de mi mente no reflejen lo...