Un 8 de octubre cualquiera.
A veces pasamos por al lado del talento sin mirar, sin escuchar. A veces, incluso, somos nosotros mismos quienes escondemos el talento en calles donde nadie se para a buscar porque, aparentemente, a nadie le interesa. Escondemos lo bonito y cuando lo encontramos "pasamos de puntillas y sin hacer ruido".
Ayer yo misma pasé por al lado del talento y, pocos segundos después, tuve que retroceder porque creí haberme perdido algo maravilloso.
El talento era 'el chico de la guitarra' que cuando comenzó a cantar no pude decir que no. Mi recompensa por encontrar el tesoro en un túnel del metro y no mirar hacia otro lado fue una sonrisa entre palabra y palabra mientras cantaba. Una sonrisa con música.
Me arrepiento de no haberme quedado un rato más escuchando todo lo que tenía que decir aquel chico con su música, quizás otro día pase por su lado, pare a la primera y no tenga que retroceder. Quizás me quede a escuchar. Quizás se acerque la gente a escucharlo también.
Puede que algún día dejemos de esconder el talento y descubramos las cosas bonitas al mundo y, posiblemente, todos tengamos nuestra sonrisa con música y seamos más felices.
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