Libro en formato vida.

El tiempo es quien me permite superar los miedos y los problemas, tardo en cicatrizar las heridas, en quitarme el vendaje, en estar preparada. Es simple, mientras los demás pasan página yo sigo leyendo la misma línea tanto como me permitan mis heridas. Me paro en cada palabra, cada detalle, cada párrafo… por eso para mí el dolor es más duradero, aunque sé suministrarlo para que no sea demasiado intenso. Es como una deuda, más o menos, a plazos pequeños pero durante un largo periodo de tiempo, y sé que no es la mejor manera de hacer que desparezca el dolor pero, de momento, así he aprendido a sobrevivir sin que se me haga eterno.

Para ser sincera, a veces tengo miedo de que alguna de mis heridas nunca cicatrice y me acostumbre al dolor. Por eso hay momentos en los que debo mirar hacia atrás, recapitular hasta el momento en el que empecé a sangrar y hacer un recorrido hasta el presente para comprobar que algo he avanzado, que no me he quedado clavada en el mismo punto, que hay esperanza de que sea un punto y seguido, acabar de leer, asimilar y pasar página. Tengo la sensación de que mi corazón ha superado golpes fuertes, cambios bruscos y heridas profundas pero mi cerebro aún guarda los recuerdos en una caja y es tan bonita que soy incapaz de tirarla… eso también me da miedo. Bueno, le tengo miedo a muchas cosas pero a eso también.

A veces me pierdo entre tanta letra y entonces también tengo miedo, porque no sé si estoy haciendo bien las cosas. Tengo miedo de que alguien pase las páginas tan rápido que no me dé tiempo a alcanzarlo y quedarme atrás, tan atrás que jamás vuelva a coincidir con esa persona. No quiero tropezarme con el puntito de la “i” a cada instante, no quiero, por eso voy tan despacio; tampoco quiero dejar atrás a nadie porque a lo mejor tienen miedo como yo, pero hay momentos en los que ya no puedo esperar más porque si espero demasiado ya no sé cómo seguir. 
También me da miedo sangrar mucho al equivocarme de camino y es que hay acentos que arañan el corazón cuando pasas por su lado, seguro que todos hemos sangrado por ellos. Te roza y ¡Ay! sabes que te has equivocado y te vas hacia el otro lado, pero hay momentos en los que tienes el corazón tan anestesiado, tan dormido, tan pero tan castigado que no siente el dolor y vas directo a un acento de esos que duelen mucho, y te roza y se te clava, atravesándote de parte a parte. Entonces paras porque sabes que no aguantarás más, sabes que te vas directo al margen de la página y si sigues desaparecerás. Pero lo que más miedo me da es cambiar de libro porque ya no hay vuelta atrás y puede ser una equivocación. Cambiar totalmente la historia me aterra, cambiar de letras y de palabras, incluso cambiar de lector no es lo que yo más deseo, sin embargo hay momentos en los que no se puede elegir. Duele, sí, pero sería más doloroso quedarse eternamente en una página de un libro viejo y lleno de recuerdos que sangran.

Yo no he cambiado de libro y espero no tener que hacerlo nunca, pero he pasado verdadero miedo con esos acentos que hieren a cualquiera que pasa por su lado, y sé que habrá muchos más pero he sobrevivido a otros tantos y me siento feliz por ello; además he pasado muchas páginas, he saltado muchos puntitos de “i” para no tropezarme, he superado algún que otro punto y seguido que, sin quererlo, te frenan y he dejado atrás los márgenes que me han hecho estar al borde del abismo. Quizá no sea la mejor en esto de pasear por el libro de aventuras y desventuras que es la vida, pero lucho cada día por pasar esas páginas que duelen tanto como puñales al alma y seguir mi camino de palabras bonitas.

17/10/2016

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