Ojalá.

Me asusta escribir sobre las personas. Me aterra la idea de que me lean, que lean todo lo que siento cuando les observo; no me gusta que me vean por dentro y descubran el azul eléctrico de mis letras.

Realmente no creo que sea malo pensar a los demás más de lo que ellos saben, de hecho, creo que es algo bonito, es de esos secretos inconfesables que se guardan bajo llave en un cajón del corazón. Pero soy insegura. Me tiembla el pulso cada vez que dejo leerme y se me desmorona la vida a cada palabra que escribo pensando en corazones inocentes.

En ocasiones siento que esto que describo es un tanto egoísta. Las personas especiales merecen saber que lo son, deben conocer que cambian vidas y que hacen sonreír, que son inspiración. Sin embargo, no me siento capaz de coger con firmeza un bolígrafo y derramar mis sentimientos sobre el papel como si estuvieran expuestos en un museo, no puedo soportar la idea de que las palabras que rebusco en las profundidades de mi mente no reflejen lo que los demás sientan. Le doy vueltas al momento en el que se lean, que quizás no sepan interpretar los sentimientos y ya no. Me da miedo fallar.

A veces deseo ser valiente, plantarme frente a cada una de las inspiraciones que han hecho latir mi corazón más fuerte lo habitual y leerles, mirándoles a los ojos, todo lo que significan. Leer lento y sin nervios. Imagino sonrisas y un mar saliendo de ojos llenos de felicidad; la tragedia es pensar que aquello que imagino es sólo eso, imaginación. Pero no puedo evitar soñar con escribir y lanzar aviones de papel, como en mi película favorita, para hacer saber a todos que en algún momento han estado en mi cabeza y han paseado entre letras, escogiendo lo más bonito que tengo para cada una de ellos.

Estoy segura de que algún día seré lo suficientemente valiente y estaré tan segura que gritaré que soy cada una de las sonrisas que me han regalado, cada mirada y cada abrazo. Diré que un día tuve miedo de escribir pero que se acabó.


Ojalá.

19/06/2017

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