Amor propio. Historias que acaban.
Ahora estoy empezando a comprender lo que realmente significa quererse a uno mismo, he tenido que aprenderlo a base de golpes contra las paredes que la vida ha puesto en mi camino. Quererse es todo lo que nos quedará cuando ya no haya nadie que lo haga, lo sé porque he podido comprobar que las personas no son eternas en muchos sentidos y algunas a las que se quiere un día, al otro puede que ya no te hagan sentir absolutamente nada. Así les pasa a todos por igual, y yo jamás le he encontrado el sentido a esto y en ocasiones me aterra.
He matado monstruos por ciertas personas que ya ni me piensan; he gritado, he llorado y he sentido. He dejado atrás muchas cosas por seguir corazones impulsivos a los que en muchas ocasiones he calmado y que ahora me aprietan el alma como si quisieran algo más que yo no llego a comprender ¿Qué más quieren? He recorrido kilómetros interminables sobre las cuatro ruedas de un coche viejo miles de veces, he deseado que los abrazos fueran eternos y las despedidas indoloras. Sin embargo, esto suena a despedida, dudo que lo sepan, y apenas puedo sentir los latidos punzantes de mi corazón.
Siento que todo se ha desvanecido, que ya no queda nada de aquello por lo que he luchado durante tanto tiempo, tengo la sensación de que ya nada es igual y que nunca más volverá a serlo. La impotencia me invade por dentro desde el corazón, saliendo a toda prisa por las venas principales hacia todo mi cuerpo y me repito una y otra vez que no soy culpable. Me duele no haber entendido nada de todo esto y me araña el alma no poder decir que aún echo de menos que se empañen mis ojos con solo una sonrisa. Me incendia el corazón que en todo este tiempo no me haya sentido lo suficientemente valorada por todo el amor que he entregado sin esperar nada y que tenga que sentirme culpable por algo que jamás ha tenido que ver conmigo. Me siento dolida y muy molesta porque me han hecho sentir el comodín de una llamada que no han recibido y por la que yo he luchado. He peleado por la felicidad de los demás incluso más que ellos y no he exigido nunca un gracias; y sin embargo a mí me han abandonado en la cuneta.
La distancia no es muy amiga de las relaciones, suelen decir; de hecho yo le dediqué mucho tiempo a la distancia, a pensarla, a comprenderla y a darle las gracias por dejarse matar tantas veces como yo he vivido y por otras muchas cosas que ahora me matan a mí y que a ella le dan la vida. He aprendido, a parte de quererme, que la distancia es un arma de doble filo, un alma con dos caras que sonríe y llora, que duele y cura a ratos (como la suerte pero con la gran diferencia de que esta última no existe). Ahora ya no dependo tanto de la distancia porque la vida me ha dado a otras personas que al parecer me ofrecen más de lo que espero, eso me hace sentir viva sin la necesidad de que la distancia se deje matar tanto. Es diferente pero bonito, me duele y me fascina al mismo tiempo.
Después de tanto tiempo tengo la impresión de haber aprendido muchas cosas de las personas que he dejado atrás y me encanta pensar que me compongo de todo lo que me han ofrecido. Ahora es otro capítulo, toca pasar página (hecho que me aterra, no voy a mentir); ya no soy presa de la timidez, puedo abrazar otra vez sin miedo. Definitivamente me prometo no volver a llorar por personas que pecan de olvidar rápido, lo haré por mí porque ahora sí. Ahora sí. Ahora me quiero.
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| 25/5/2017 |

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